Jesús tiene las llaves del infierno y la muerte

“Yo soy el que vivo, y estuve muerto; y he aquí, vivo por los siglos de los siglos, Amén; y tengo las llaves del infierno y de la muerte.” (Apocalipsis 1:18)

Jesús venció todo pecado y muerte por su resurrección: “he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos”. En consecuencia, tiene completa y plena autoridad sobre el infierno: quién irá allí y quién se salvará de tener que ir allí. Más adelante en Apocalipsis se describe la segunda y última muerte donde el alma se pierde para siempre en el infierno.

“Y me dijo: Hecho está. Soy Alfa y Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente. El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:6-8)

Pero a través de la victoria de Jesucristo sobre el infierno y la muerte, podemos tener misericordia para ser salvos del poder del pecado y del infierno, y de la muerte final del tormento eterno. Además, Jesús es a quien el Padre le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, porque el Padre ha encomendado todo el juicio al Hijo:

“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación; mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo; así le ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le ha dado autoridad para ejecutar juicio, por cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán; los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; y los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:22-29)

Y Jesús puede, y lo hace, dar las llaves del reino (la Palabra de Dios) a su ministerio para entregarlas al pueblo:

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19)

A los que rechazan la Palabra de Dios, les llega a ser como las llaves del infierno y de la muerte porque su rechazo de la oportunidad de servir a Dios en esta vida les cierra la oportunidad de hacer el cielo. Cuando Jesús abre la oportunidad al cielo con las llaves de la Palabra de Dios, ningún hombre puede cerrar esa oportunidad para que un alma sea salva. Pero después de muchas veces de rechazar la oportunidad, cuando Jesús cierra la puerta, la oportunidad se ha ido, ningún hombre puede reabrir esa oportunidad.

  • “Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; así él abrirá, y nadie cerrará; y él cerrará, y nadie abrirá.” (Isaías 22:22)
  • “Y escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia; Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra; y cierra, y nadie abre; Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque tienes poca fuerza, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.” (Apocalipsis 3:7-8)
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Revelación de Jesucristo

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